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MÚSICA: EL CAMINO SONORO DE LA SALUD
 
… ahora que ya está muerto los hombres han olvidado su obra. Raras veces se la juzga; se habla sobre todo de sus hijos W. F. y C. P. E; pero no puedo creer que siempre será así. Su música es muy distante a la de éstos. Hace penetrar en un mundo distinto, un mundo sereno, sobrehumano, donde las preocupaciones e inquietudes terrestres no tienen cabida. En su esencia descansan la paz y la belleza. Quizá pienso así porque le amo; y, no obstante, aunque haga abstracción de él y de mi, siento, sin saber cómo expresarlo, que existe una diferencia entre su música y la de los otros…
 
ANA MAGDALENA BACH          
 
Hace ya muchos años que la ciencia empírica demostró lo que el ser humano sabe desde hace miles: la música es salud. Los beneficios de la música sobre la salud humana son incontables: ayuda a estabilizar emocionalmente, facilita la comunicación interpersonal, promueve mejores estados de energía y concentración, incrementa la capacidad de atención. Es un medio de autoexpresión que nos permite canalizar sanamente los sentimientos generados en situaciones de estrés y tensión laboral, brinda una cálida compañía en estados anímicos difíciles y eleva el estado energético. Hoy en día se encuentra bien demostrado que las células vivas, debido a su elevado contenido acuoso, son capaces de responder diferencialmente ante las frecuencias de onda en general y sonoras en particular. Lo anterior demuestra que las vibraciones sonoras, y más específicamente la música, logran tener efecto muy concreto en los tejidos sanos y enfermos.
 
La música posee en sí misma la historia del Ser humano. Escuchar música, y únicamente escuchar música, es una experiencia que se debe tener durante toda la vida. En este punto es necesario recalcar que es indispensable ampliar los horizontes musicales porque la música que siempre nos dice lo mismo acaba por embotarse pronto, pero la música cuyo significado varía un poco en cada audición tiene mayores probabilidades de conservarse viva. Escuchar música desde lugares internos diferentes permite conocernos desde puntos distintos. Escuchar, por ejemplo, la Sinfonía n. 9 en E menor, “Desde el Nuevo Mundo”, Op. 95 de A. Dvorak es pasar por una serie de experiencias emocionales que van desde el miedo hasta la fuerza y el coraje pasando por el amor profundo del segundo movimiento. El ser humano se encuentra inmerso en un ambiente sonoro y en cada momento surgen ritmos, melodías, timbres, armonías y tempos que impactan en la vida emocional, intelectual y espiritual.
 
            Cada uno de nosotros posee una historia musical que nos identifica y que nos acerca al mundo de los sonidos. Detenerme unos minutos a escuchar música permite que me reestructure y que mi estado emocional esté acompañado.
 
ESPACIO SONORO
 
  • Te invito a que elijas un momento del día y adoptes una postura cómoda.
  • Es importante que seas conciente de tu postura corporal y de tu respiración.
  • Mientras haces conciencia de esto prepárate a recibir la música. En todo momento mantente alerta de lo que experimentas con la música.
  • Escucha el Agnus Dei del Réquiem, Op. 48 de G. Fauré.
  • Cuando la música haya terminado date cuenta lo que viviste. ¿Algo cambió en ti?, ¿Qué experimentaste?.
 
A la música es preciso dejarla ser. Al escuchar música nos escuchamos a nosotros mismos. En su lenguaje interno la música nos envuelve y nos desnuda, nos lleva y nos trae. Cada uno de nuestros sentimientos tiene la posibilidad de sentirse acompañado por la experiencia sonora ya que la vibración sonora-musical empatiza con la vibración energética del sentimiento percibida a través de las sensaciones. En este sentido existen en la música pasajes de una belleza indescriptible y al mismo tiempo de una intensidad emocional inefable. La música de Schubert tiene esa estética entremezclada y para ello basta escuchar el Impromptu n. 3 en G bemol, D 899, Op. 90. Esta obra posee los pasajes de la nostalgia, el duelo, la ternura y la soledad amalgamados mediante el siempre sutil poder evocador del piano. En mi experiencia la música me ha permitido sentirme acompañado aún en los momentos más dolorosos y más intensos. Siempre tengo la posibilidad de que la música me dé refugio y mi alma se sienta sostenida entre los brazos sonoros de las grandes obras musicales.
 
            El significado que hallamos en la música es el resultado de nuestras reacciones a los patrones rítmicos, melódicos, armónicos, tímbricos y de velocidad que de ella emanan. Un ejemplo de ello es el fresco y juguetón Minueto de la Sonata en C para piano a 4 manos, K 19 de W. A. Mozart que parece decir en su expresión melódica: “Sonríe y juega… lo demás… solamente pasa”. Permitir que la música se exprese es al mismo tiempo permitir expresarme con el solo deseo de hacerlo, sin juzgar y solo estando presente en el momento presente. Es por lo anterior que resulta difícil permanecer indiferente mientras escuchamos música. Cada latido, cada palabra, cada sensación, cada sentimiento que emerge de manera genuina y pura en mí siempre encuentra su referente en el vasto mundo de la expresión musical. Los diferentes estilos musicales son la muestra del vínculo afectivo-energético de la música con el ser humano. 
 
            En algún momento de nuestra vida hemos visto la forma en que la música conmueve. La manera en que el compositor crea es a través del contacto profundo y honesto con su experiencia emocional. La impresionante Pasión según San Mateo, BWV 244, de J. S. Bach muestra el profundo sentido religioso del gran compositor alemán nacido en 1685. El coro inicial Kommt, ihr Töchter, helf mir klagen (Vengan, hijas, lloren conmigo) lo escribe Bach mientras es invadido por la más sublime experiencia de fe que un compositor pueda experimentar y cuando lo escuchamos, nos emocionamos y nos conmovemos somos partícipes directos de la emoción genuina del compositor. Este tipo de experiencias las encontramos en todo el mundo a través de las diferentes manifestaciones musicales. Las obras del compositor africano Guem son el ejemplo más claro de la forma en que la música “pulsa” nuestras fibras más primitivas. Escuchar el timbre de las percusiones de manera constante y entregada es entrar en contacto con los sonidos del planeta. La tierra, la lluvia, el fuego y el agua se fusionan con los elementos rituales de la danza y el canto a través de los distintos instrumentos de percusión.
 
ESPACIO SONORO
 
  • Elige un espacio amplio, fresco, agradable y con suficiente ventilación.
  • Descálzate y permite que tus pies contacten con la tierra y se arraiguen en ella.
  • Escucha la obra de Guem “Nouba” y disponte a seguirla primero con tus pies y poco a poco integra más partes de ti hasta que tu cuerpo se exprese libremente.
  • Posteriormente acompaña a la música con los sonidos de tu cuerpo y finalmente con el sonido de tu voz.
  • Cuando la música haya terminado percibe ¿cómo te quedas? ¿Te fue fácil moverte? ¿Te resultó una experiencia conocida o desconocida?.
 
La música es el escenario perfecto para nuestra vida emocional, intelectual y espiritual. Adentrarnos en su estructura es sinónimo de adentrarnos en nuestras estructuras más profundas. Al interior de la música existen mensajes que hay que descifrar y al descubrirlos desciframos nuestros lenguajes internos. Tener un momento para deleitarnos con la Passacaglia y fuga en C menor, BWV 582 de J. S. Bach es compartir con él la manera más profunda, sincera y estructurada de realizar asociaciones, evocar recuerdos y meternos en un remolino que nos lleve directamente a contactar con lo más profundo gracias a la intensa sonoridad del órgano y al complejo entramado de la forma musical que empatiza con la compleja forma psíquica. Es así como la estructura musical permite al ser humano estructurarse de una manera definida y ampliar su capacidad de escucha.
 
Al igual que sucede en el universo, la música tiende al orden y a la organización en movimiento. Uno de los pilares de la escucha musical es comprometerme con la música, darme y entregarme incondicionalmente a ella, perderme en su espacio y en su tiempo con la plena seguridad que jamás me soltará. Esta capacidad para comprometerme con la música es directamente proporcional a la capacidad para comprometerme en la vida. Una escucha comprometida con la música significa una escucha comprometida conmigo y con el mundo. La escucha musical comprometida constante permitirá entonces una escucha activa, atenta y, en todo momento, entregada con mi experiencia interna y con la experiencia interna de los demás.
 
En su libro Cómo escuchar la música, Aaron Copland señala que la escucha consciente posee tres niveles diferentes de audición: en el nivel sensual inconsciente se refiere a la forma pasiva de escuchar música, es decir, sin pensar en ella de modo alguno y utilizan la audición como una forma de evasión de su realidad cotidiana. El segundo plano, el nivel expresivo consciente, se caracteriza por la emoción vivida mediante la escucha de música. Es en este nivel donde la persona se identifica con el compositor encontrando un consuelo para los sentimientos que no logra expresar y que gracias a la escucha de la música logran salir a flote. Finalmente, en el tercer nivel, el musical consciente, se refiere a la escucha musical por la música en sí. El escucha debe estar atento a lo que transcurre en la música, a sus procesos internos y a la forma en que se relacionan sus elementos.
 
ESPACIO SONORO
 
  • Túmbate en el suelo o sobre un sillón.
  • Cierra tus ojos y mantente percibiendo los sonidos que llegan a ti.
  • Prepárate internamente para escuchar el preludio coral “Ich ruf’ zu dir, Herr Jesé Christ” de J. S. Bach.
  • En una primera escucha percibe el movimiento de la voz más aguda o soprano que es la más fácil de distinguir.
  • En la segunda escucha sigue el movimiento de la voz más grave o bajo que se mueve con mucha fuerza y con notas que se repiten.
  • En la tercera escucha mantén tu conciencia centrada en la voz del contralto o intermedia que se distingue de las otras dos por su movimiento más rápido.
  • Finalmente, escucha la obra en su conjunto manteniendo separadas las tres voces o líneas melódicas.
  • ¿Te fue fácil o difícil seguir la obra en su conjunto? ¿Qué línea te resultó más sencilla seguir? ¿Cómo te quedas?.
 
Una cualidad que hace que la música tenga un carácter imperecedero es su empatía natural con el pulso de nuestras vidas. Escuchar la Bagatella n. 5 Quasi allegretto, Op. 126 de L. V. Beethoven es adentrarnos en un oasis sonoro, el lugar perfecto para entregar y recibir. ¿Cómo es posible que una sola obra musical de escasos 2:50 minutos de duración acaricie nuestro lado más humano?. Beethoven es el más claro ejemplo de la pasión y entrega a través y por medio de la música. El compositor nacido en Bonn en 1770 es el primero de una generación que le entregará al piano el lugar que hoy tiene. La crudeza de sus primeros años y la posterior pérdida gradual de la audición harán de él un compositor entregado y comprometido con la música. Las experiencias emocionales vívidas a lo largo de su existencia serán la inspiración idónea de la enorme producción musical. Un ejemplo de la pasión existencial de Beethoven es su Adagio con molto sentimento d’affetto de la Sonata para piano y cello n. 5 en D, Op. 102 n. 2. La forma en que el cello se expresa en un vaivén doloroso y arrullador es la misma manera en que nos podemos sentir ante las situaciones de nostalgia, abandono o añoranza todo ello soportado por la presencia siempre consoladora del piano.
 
            Otro ejemplo de música cargada de pasión emocional es la obra de R. Schumann. Schumann, quien fue internado en un hospital psiquiátrico, sintió una inclinación muy especial por la poesía tanto que decide comenzar a componer sus famosos lied (composición poética-musical) siendo sus temas preferidos el amor contrariado y la naturaleza. La obra para piano de Schumann en muy rica en posibilidades para rozar las experiencias del alma. La obra Träumerei (Soñando) de las Escenas Infantiles Op. 15, es por tradición el arrullo ideal para el niño interno. Permitir que los sonidos de esta obra se deslicen por mi cuerpo es dejar que la música juegue con recuerdos infantiles salpicados de ternura.
 
            Las emociones se empatan con la música mediante los timbres de los instrumentos musicales. El timbre es la posibilidad de darle color a un sonido determinado. Las obras ricas en instrumentación permiten vislumbrar el arco iris sonoro que la compone. Uno de los compositores que logra la expresión perfecta de los colores de los sonidos a través de los instrumentos es A. Dvorak. En su apasionante y dulce Poco adagio del Trío para piano en F menor, B 130, Op. 65 muestra la relación directa entre el color y la emoción. El desarrollo del cello, del violín y el piano es la cumbre de las posibilidades entremezcladas de la nostalgia, la ternura, la soledad, el abandono y el amor envueltos en un halo de intensidad y pasión.
 
ESPACIO SONORO
 
  • Prepárate de manera interna para una escucha musical.
  • Quédate un momento con tus ojos cerrados solamente experimentando.
  • Escucha el Andantino quasi allegretto del Concierto para violín n. 3 en B menor de C. Saint-Saëns.
  • Reconoce las imágenes, formas y colores que llegan a ti con la escucha consciente de esta obra.
  • Cuando la música haya terminado plasma en color sobre una hoja tu experiencia de escucha.
 
Cuando la gente se acerca a preguntarme ¿Cuál es el momento ideal de acercarme a la música? mi respuesta es la misma: “…la música está cerca de ti, detente y escúchala”. La estimulación musical del ser humano comienza nueve meses antes de que nazca la madre del niño. La música de Mozart es la selección ideal para adentrarnos en el lugar de mayor inocencia de nuestra alma. Mozart fue un niño prodigio. Nació en 1756 y comenzó a tocar el clavecín, el órgano y el violín a los 3 años. La espontaneidad infantil está presente en toda la obra del compositor austriaco. Desde este lugar interno de frescura Mozart fue un constante alumno que se deleitó con la música italiana y con las enseñanzas de su maestro, amigo y padre musical: F. J. Haydn. En sus constantes viajes por toda Europa entró en contacto con las partituras de un músico de pueblo totalmente olvidado en Alemania: J. S. Bach. Mozart quedó tan maravillado con la música de Bach que se pasó tres noches sin dormir estudiándolas nota por nota. De estas noches de intenso estudio dotó de una nueva y actualizada belleza algunas fugas siendo una de las más logradas la suave y envolvente Preludio y fuga para violín, viola y cello n. 1 en D menor, K 404a.     
 
“La música de Mozart parece creada por la mano de Dios” alguna vez comentó el compositor noruego E. Grieg y es que en ella se funden el genio, la creatividad, la frescura y es una perfecta compañía en cualquier momento de nuestra vida. Las mañanas suelen ser más armoniosas escuchando el famoso Adagio del concierto para violín n. 3 en G, K 216. Esta obra permite bañarse de vida nueva con cada escucha, las notas fluyen en un constante diálogo interno de descubrimiento, el violín es envolvente en cada nota frotada y el espíritu baila en la suavidad del soporte armónico del clavecín.
 
Ante toda esta evidencia del papel de la música en el desarrollo del Ser humano solamente nos queda la experiencia de vivir, sentir, escuchar, saborear, ver y entregarnos a la música. Para que la música logre de manera contundente su efecto sobre nosotros es preciso “dejarla ser”, permitir que los niños escuchen música sin hacer ninguna otra actividad y que por si solos conozcan, experimenten y vivan la música de Bach, Mozart, Beethoven, Vivaldi, Haendel es uno de los mejores regalos que les podemos entregar. Los niños comienzan a escuchar desde el tercer mes de gestación y si desde entonces entran en contacto con la música seguramente encontrarán en ella una especie de “oasis sónico” que incida directamente en su desarrollo. La invitación está hecha, la música está esperando a ser descubierta, escucha y vive la música… yo mientras tanto cierro mis ojos y me quedo escuchando la música de Mozart.
 
ESPACIO SONORO
 
  • En la mañana al despertar adopta una postura abierta de escucha.
  • Reconoce si alguna parte de ti necesita de la música en este momento.
  • Mientras haces conciencia de esto prepárate a recibir la música.
  • Escucha el adagio del concierto para violín n. 3 en G, K 216 de W. A. Mozart.
  • Cuando la música haya terminado date cuenta lo que viviste. ¿Algo cambió en ti?, ¿Qué experimentaste?.
 
 
 
LIC. HORACIO HERNÁNDEZ-VALENCIA
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
COPLAND, A. (2001) Cómo escuchar la música. México. FCE.
BELTRANDO, M. C. (1997) Historia de la música. España. Espasa.
McCARTHY, M. (2002) La Naturaleza de la música. Un camino para el bienestar interior. México. Paidós.
REPOLLES, J. (1977) Gigantes de la música. Mexico. Bruguera.
 
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